Mientras un beso puede cambiar el mundo, un insulto sólo lo deja tal y como está: podrido. Por eso, propongo que se besen los políticos en vez de descalificarse constantemente. Algo ganaríamos, aunque fuese la risa de ver a monseñores Zapatero y Rajoy atornillándose.
No hay comentarios:
Publicar un comentario