- Dime, Bernard, cuéntame por qué estás aqui.
- Si, señor, yo se lo cuento si me dice Vd. donde estoy.
- Pues hijo mío, por el decorado deberías adivinarlo.
- Soy muy malo adivinando, nunca se me ha dado bien... ¿tal vez en Londres, rodeado por la niebla?... Me han dicho que suele ser muy espesa...
- No, no... Bernard, no estamos en Londres. Esto es la entrada del Cielo.
- ¿Tan lejos?
- Si.
- ¿Y qué coño hago yo aquí, si me permite usted la expresión?
- ¿No lo sabes?
- Ni puta idea.
- Te quitaste la vida.
- ¿Yo?
- ...
- Pues lo había olvidado, francamente.
- Falta de fósforo, sin duda.
- A ver... con tanto bocadillo, ¿qué quiere usted?
- Que te hubieses molestado más en cocinar. ¿No conocías los efectos de la dieta sobre el organismo?
- Verá, no me dió la gana... A mis 58 quería tener tiempo para otras cosas.
- Pues ya ves en qué se te ha quedado el tiempo, en nada. Ahora estás aquí, a las puertas del Cielo. Ya no tienes tiempo. Finito. Se acabó.
- ¿Del todo?
- Del todo.
- ¿Ya no puedo volver?... ¿Ni cinco minutos siquiera?...
- Pero, hombre, ¿qué ibas a hacer tú en cinco minutos?
- Pegarle cuatro ostias a uno, que se las debo.
- ¡Bernard, por favor, no es este momento de malos sentimientos! Además, el Único te puede escuchar...
- ¿El único?... Y a todo esto, ¿quién es usted?
- San Pedro.
- ¿El de las llaves?
- Podría decirse así...
- Pues mire, Pedro, yo creo...
- San.
- Vale, pues mire usted, San, yo pienso...
- San Pedro, Bernard, a mi se me llama San Pedro.
- Qué tontería, ¿no?
- No.
- Vale, para usted la "perra gorda", Saaan Peeeedrooooo...
- San Pedro, pero sin guasas.
- Disculpe usted, San Pedro, es que soy nuevo en esto y no me conozco muy bien el protocolo... pero que opino que darle cuatro ostias a un tio que se las merece tampoco será tan malo... entraba en mi casa como amigo y se ventilaba a mi mujer...
- Eso es violencia.
- Eso es quedarse a gusto.
- Bernard, es violencia, y no me discutas que en estas cosas soy la máxima autoridad.
- Vale, vale... violencia, lo que usted diga.
- Bien, vayamos al grano... ¿por qué te quitaste la vida?
- Pues me dió por ahi...
- ¿Así, sin más?... No me lo creo. Cuéntame las verdaderas razones y tal vez puedas cruzar estas puertas.
- La verdad, no se si querré cruzarlas. ¿Qué hay detrás?... ¿Tias, ordenadores, play stations?...
- No, Bernard, no... todo eso lo has dejado atrás. Aquí encontrarás la sublime belleza de la eterna contemplación del Único.
- Suena aburrido...
- Pues no lo es. Y deja de darle vueltas al tema. Cuéntame qué razones te han llevado a esto...
- ...
- Estoy esperando.
- Bueno... mi mujer me puso los cuernos.
- Eso carece de importancia. Nadie es dueño de nadie.
- Luego me abandonó.
- Para que tú mismo te encontrases.
- Bueno, vale, pues me encontré, pero mis hijos no. Después de hacer todo lo que pude como padre, no vinieron a verme.
- Eso es asunto de tus hijos. ¿Fuiste tú a verlos a ellos?
- No. Ni de coña. Yo los estaba esperando...
- Tal vez ellos te esperaban a ti... ¿qué más?
- Me despojaron de mi casa...
- Aquí no cuentan las cosas materiales.
- Pero es que fue un abuso...
- Lo mismo me da, no cuentan y punto.
- Me sentía solo...
- Te tenías a ti. ¿Qué más podías pedir?
- Me engañaron los amigos.
- Te engañaste tú, que no supiste verlos.
- Joder, San Pedro, me lo está poniendo usted difícil...
- Hijo mio, sólo busco una buena razón...
- ...
- ...
- Un momento... ahora que lo pienso, hay otra...
- Dime, hijo.
- Zapatero salió reelegido...
- ...
- ...
- Pasa, hijo, pasa. Que te has ganado el Cielo. Ahora, a disfrutar de toda la eternidad. ¡Abrid las puertas!
1 comentario:
Es divertido, bueno y lúcido.
Me ha gustado.
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