martes, 5 de julio de 2011

Hoy (Seis meses después)

Si os pensábais que esto se había acabado... ¡cuán equivocados!

Hoy, seis meses después, ella cree en mi. Porque sabe que trago con todo lo que a ella se le antoje. Porque le consta que puede ponerme los cuernos cuanto quiera y yo no me entero. Porque maneja el dinero del hogar a su antojo y controla el cotarro. Porque puede salir diciendo "voy a ver si te encuentro unos pantalones, que falta te hacen" y volver con tres tangas, dos camisitas muy monas y tres vaqueros floreados, diciendo: "hijo, es que no he encontrado nada que te pudiera ir bien". Natural. En "Women Forever", "TangaMix" y "SexyBragas" es dificilísimo encontrar cosas que me puedan sentar medianamente... Ella cree en mi, porque puede irse de marcha toda la noche que yo no protesto, y si no tiene ocasión de usar los doce preservativos que lleva en el bolso, siempre le quedo yo a la vuelta, que no fallo.
Hoy, seis meses después, yo creo en ella. Porque cuando llego a casa y la encuentro sobando a un desconocido pienso que le está dando un masaje al pobre, que muy mal debía estar. Porque cuando ha llegado a casa a las 7 de la madrugada y me pide que a sus padres les diga que a las 2, creo que lo hace por no preocuparles, y no por ahorrarse las explicaciones de cómo se ha tirado a tres tios, uno de ellos argentino, las explicaciones para mi están de más, dado que uno es tontito. Porque cuando me quita la taza de café de la mano y me dice que me la lleva ella, pienso que es por cariño, por ayudarme, y no para poder ir contando luego en sus círculos que hasta las tazas de café me tiene ella que llevar. Porque cuando me dice que nos vayamos a la cama creo que es porque me quiere, y no porque está más salida que una mona y si no es conmigo tiene que conformarse con el palo de la escoba. Porque voy a lo mio, pensando que es suficiente con "estar ahí", en plan lechuga, para que me quieran cada día más. Porque me siento indispensable, insustituible, personal e intransferible, sin caer en que los carnés son lo más prescindible del mundo.
Hoy, seis meses después, ella y yo creemos en Dios... especialmente, para ver si es caritativo con nosotros y hace un milagro. Porque nosotros somos humanos y no tenemos capacidad para arreglar nada.

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